Una nueva luz para evitar el rechazo a los órganos trasplantados
Los trasplantes de órganos son una práctica esencial de la medicina moderna. Gracias a ellos podemos curar diversos tipos de enfermedad, como por ejemplo problemas coronarios o pulmonares que, de otro modo, serían incurables y provocarían la muerte del paciente.
La principal dificultad, una vez superados los lógicos riesgos de la propia operación, era evitar que el rechazo al órgano trasplantado. El cuerpo humano, al detectar que dicho órgano no es el original, lo ataca como si se tratase de un intruso o una enfermedad, deteriorando e impidiendo su funcionamiento.
Para evitar dicho rechazo se utilizaban hasta ahora medicamentos inmunosupresores cuya función era debilitar el sistema inmunológico, de manera que el ataque a los órganos trasplantados fuese mínimo. Sin embargo, esta técnica sólo servía para mitigar el rechazo inicial, pero no podía evitar un rechazo crónico a largo plazo.
Además, los inmunosupresores debilitan el sistema inmunológico también frente a cualquier otra enfermedad, por lo que los pacientes que los usan corren un mayor riesgo de contraer ciertas enfermedades infecciosas y algunos tipos de cáncer.
Sin embargo, científicos del Instituto Nacional Francés para la Salud y la Investigación Médica (INSERM) han publicado en Nature sus resultados sobre una investigación con Linfocitos T reguladores, demostrando que resultaron eficaces para inhibir el rechazo de trasplantes de médula ósea enratones.
Dicha investigación, si se comprueba su eficacia en humanos, daría como resultado una terapia celular que evitaría tanto el rechazo agudo (inicial) como el crónico (a largo plazo), así como el uso de inmunosupresores y los efectos secundarios causados por ellos.
(Vía Cordis)

